domingo, 26 de enero de 2014

JOSÉ EMILIO PACHECO. POESÍA SIEMPRE VIVA

Irás y no volverás. En 1992, entrevisté a José Emilio Pacheco en Guadalajara. Con sencillez y cordialidad extraordinarias, me dijo, entre otras cosas, que estuvo a punto de nacer en esa ciudad y no en el Distrito Federal, como ocurrió en 1939, toda vez que su padre estaba adscrito a la zona militar de la capital jalisciense y su madre vivió ahí con él hasta el séptimo mes de embarazo. Lamentaba no saber mucho sobre esa etapa de la vida de sus progenitores. “Una de esas cosas terribles que uno nunca hace —dijo— es preguntarle a sus papás ciertos detalles que uno sólo llega a entrever en ciertas conversaciones. Los detalles nunca los preguntas, pensando que ya habrá oportunidad y de repente se mueren tus padres y también sus contemporáneos”. Recordó que comenzó a publicar en 1957 en la revista Estaciones, gracias al poeta Elías Nandino. Y al referirse a la suerte de sus libros, señaló: “A un libro yo siempre lo comparo con una botella al mar. Nunca sabes en qué manos va a caer, ni qué se va a hacer con ese libro. Eso me parece muy bonito”. La tarde del domingo 26 de enero de 2014, el escritor falleció en la ciudad de México. Lo mantendrá vivo para siempre su palabra, diáfana y certera. Escribió el poeta en Al terminar la clase: “Más temprano que tarde la poesía/ llega a los claustros/ Bibliotecas que no consulta nadie/ líneas en un fichero/ opiniones de cuarta o quinta mano/ comentarios triviales   haz de anécdotas/ en el salón de clases/ (auditorio cautivo indiferente)/ 'Cultura' en fin y 'tradición'/ Es triste/ Sin embargo la llama no se extingue/ Sólo duerme/ prensada y seca flor en un libro/ hasta que de repente/ vuelve a encenderse   viva”.

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