Era una fría mañana de octubre. Junto a sus pies, dos gatos ronroneaban sus siete vidas, soñando que perseguían lagartijas de esmeralda y diamante sobre el tejado. Sobre la pequeña mesa, un manuscrito dejaba entrever la historia de un amor infausto, que terminaría en tragedia en el último párrafo. Ahí, con pulso cascabeleante, la poeta escribía —sobre papel satinado y con pluma fuente— los versos cimeros de su obra. La culminación de sus setenta y dos años y siete meses de comunión con la palabra. Era la historia que había empezado a enhebrar en su mocedad con hilos de fuego y titanio. Era la historia del único dolor que pudo llegar hasta el vértice de sus anhelos y tuvo la ingrata virtud de amargar su vida. Pero, esa mañana sabía ya el nombre de su angustia y tenía las letras precisas para escribir la fórmula exacta del antídoto contra el sagrado veneno. En ese instante lo podía todo. Las palabras resplandecían en su alma. Y ya después nada importaría. En ese momento irrepetible sonó el teléfono. Una sorda hecatombe empezó a dibujarse en su mente y a tomar forma de rictus en su semblante. Volvió a sonar el timbre. Levantó la bocina y una voz desconocida le informó que la Real Academia Sueca la había escogido ese año para recibir el Premio Nobel de Literatura, por su trabajo lírico que expresaba con irónica precisión la verdad humana, su excelsitud y su miseria. Y esa voz extraña le decía, con burocrático júbilo, que la Real Academia había comparado sus poemas con la leve gracia inspirada en la música de Mozart, con los sublimes y solemnes oratorios de Bach y con la furia creadora de las sinfonías de Beethoven. Fue entonces cuando un tropel de bestias enloquecidas estalló en todo su ser y pisoteó millones de veces en un segundo su corazón enfermo. Y la pluma cayó de sus manos, como de su cuerpo la vida. Su mano encallecida, tiesa ya para siempre, no habría nunca más de exorcizar demonios. Su obra maestra no habría de conocerse nunca.Fermín Ramírez Gutiérrez

QUE NUESTRO HACER SE CONVIERTA EN EL MOVIL DE NUESTROS PENSAMIENTOS, AÚN SI LAS OBRAS NO SON VISTAS, NI OÍDAS, AÚN SI NADIE LAS RECUERDA. PORQUE EXISTEN COMO HECHO Y ESO,NADA NI NADIE LO BORRA
ResponderEliminarAsí es. Escribimos, amamos y sufrimos para hacer pleno el tiempo de nuestra vida. Todo lo demás es vanidad de vanidades. Un abrazo.
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